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¿Cada vez necesitas subir más el volumen de la televisión? No lo ignores

¿Cada vez necesitas subir más el volumen de la televisión? No lo ignores
¿Cada vez necesitas subir más el volumen de la televisión? No lo ignores

Quizá lo has notado sin darle importancia: cuando ves tu programa favorito, el volumen que antes era suficiente ya no alcanza. Subir el volumen a la televisión de manera constante puede parecer algo menor, pero en realidad es una de las señales más comunes de que tu audición está cambiando. No se trata de un problema con el televisor ni con el audio del canal; en muchos casos, es tu sistema auditivo el que está enviando una alerta que merece atención.

Este cambio suele ocurrir de forma gradual. Al principio, aumentas el volumen solo un poco. Luego, sin darte cuenta, ese nivel que antes molestaba a quienes te acompañan se convierte en tu nueva normalidad. Por ello, reconocer este patrón a tiempo permite tomar decisiones que protegen tu bienestar y tu calidad de vida.

Por qué el volumen del televisor revela más de lo que parece

El acto de escuchar televisión implica procesar diferentes tipos de sonidos: diálogos, música de fondo, efectos especiales y, en ocasiones, varios hablantes al mismo tiempo. Cuando existe una pérdida auditiva incipiente, el cerebro comienza a esforzarse más para distinguir las palabras del resto de los sonidos ambientales.

Este esfuerzo adicional no siempre es evidente para quien lo experimenta. Sin embargo, quienes conviven contigo probablemente lo noten antes: te piden que bajes el volumen, repiten frases que no escuchaste o notan que te acercas más al televisor.

Además, la pérdida auditiva no afecta todas las frecuencias por igual. En muchos casos, las frecuencias agudas —donde se encuentran consonantes como la «s», «f» o «t»— son las primeras en debilitarse. Esto provoca que las palabras suenen amortiguadas o confusas, aunque el volumen general parezca alto.

Otras señales que suelen acompañar esta dificultad

Subir el volumen de la televisión rara vez es un síntoma aislado. Por lo general, aparece junto con otras señales de pérdida auditiva que conviene identificar de forma temprana:

  • Dificultad para seguir conversaciones en ambientes ruidosos, como restaurantes o reuniones familiares.
  • Necesidad de pedir repetición frecuente, especialmente cuando varias personas hablan a la vez.
  • Sensación de que los demás murmuran o no vocalizan claramente.
  • Cansancio o irritabilidad después de situaciones sociales donde debiste concentrarte mucho para escuchar.
  • Dificultad para entender voces femeninas o infantiles, que suelen tener tonos más agudos.
  • Problemas para percibir sonidos cotidianos como el timbre, el teléfono o el canto de pájaros.

Cada uno de estos indicios suma información valiosa sobre el estado de tu audición. No es necesario que se presenten todos al mismo tiempo para considerar una evaluación profesional.

Diferencias entre pérdida auditiva y otros problemas comunes

Es importante distinguir entre una verdadera dificultad auditiva y situaciones pasajeras. Por ejemplo, un resfriado, una infección de oído o la acumulación de cerumen pueden reducir temporalmente tu capacidad para escuchar. En estos casos, la solución suele ser sencilla y el problema se resuelve en días o semanas.

En cambio, la pérdida auditiva relacionada con la edad —conocida como presbiacusia— o la exposición prolongada a ruidos intensos tiende a ser progresiva y permanente. A continuación, se presenta una comparación útil:

Situación temporalPérdida auditiva progresiva
Mejora con tratamiento médicoRequiere evaluación audiológica
Duración de días o semanasEmpeora gradualmente con el tiempo
Afecta ambos oídos por igualPuede afectar más un oído que otro
Sensación de oído tapadoSonidos amortiguados sin sensación de bloqueo

Si el volumen elevado se ha convertido en una constante durante meses, es recomendable realizar una evaluación profesional para determinar la causa y descartar distintas condiciones que pueden afectar la audición.

Qué sucede cuando ignoramos estas señales

Dejar pasar estos síntomas sin actuar no solo dificulta la comunicación diaria. También puede generar consecuencias emocionales y cognitivas significativas. La dificultad para escuchar lleva, en muchos casos, a evitar situaciones sociales por temor a no entender o a sentirse excluido.

Este aislamiento progresivo afecta el estado de ánimo y puede contribuir a la depresión. Además, según diversas investigaciones, existe una asociación entre la pérdida auditiva no tratada y un mayor riesgo de deterioro cognitivo. La evidencia sugiere que la reducción de estímulos auditivos podría estar relacionada con cambios en el procesamiento del lenguaje y la memoria, aunque se requieren más estudios para comprender completamente esta relación.

Por otra parte, la sobrecarga cognitiva que implica esforzarse constantemente por escuchar genera fatiga mental, reduce la concentración y disminuye la calidad de vida en actividades cotidianas.

Cuándo es recomendable solicitar una evaluación audiológica

No es necesario esperar a que la dificultad para escuchar sea severa para acudir a una evaluación. De hecho, cuanto antes se identifique la pérdida auditiva, más opciones tendrás para manejarla de forma efectiva.

Considera programar una evaluación si:

  • Necesitas subir el volumen de la televisión con frecuencia, incluso cuando otros lo consideran incómodo.
  • Tus familiares o amigos te han mencionado que no escuchas bien.
  • Te resulta difícil seguir conversaciones en grupo o ambientes ruidosos.
  • Has notado cambios en tu capacidad para escuchar durante los últimos meses.

Una evaluación audiológica profesional incluye pruebas como la audiometría, que mide tu capacidad para percibir diferentes frecuencias y volúmenes, y la logoaudiometría, que evalúa qué tan bien comprendes las palabras. Estas pruebas son indoloras, rápidas y ofrecen información precisa sobre el estado de tu audición.

¿Cada vez necesitas subir más el volumen de la televisión? No lo ignores

Qué esperar de una atención audiológica profesional

El proceso de evaluación comienza con una conversación sobre tu historial de salud y tus síntomas actuales. Luego, el profesional realiza las pruebas necesarias para identificar el tipo y grado de pérdida auditiva, si existe.

En caso de confirmarse una reducción en la capacidad auditiva, el siguiente paso es explorar opciones de tratamiento. Los audífonos medicados, por ejemplo, son dispositivos diseñados para amplificar sonidos específicos según tu patrón de pérdida auditiva, adaptándose a diferentes estilos de vida y necesidades.

Además, el acompañamiento no termina con la adaptación del audífono. El servicio técnico, los ajustes periódicos, la provisión de accesorios y la orientación continua forman parte integral de un tratamiento adecuado.

Cómo abordar el tema con un familiar

Si has notado que un padre, madre o familiar cercano sube constantemente el volumen de la televisión, es posible que no sea consciente del cambio o que prefiera no hablarlo. En estos casos, el enfoque importa tanto como el mensaje.

Evita frases como «estás sordo» o «nunca me escuchas». En cambio, enfoca la conversación en el bienestar y la calidad de vida: «He notado que últimamente te cuesta más escuchar la tele, ¿te gustaría que acompañemos eso con una revisión?»

Ofrecer acompañamiento y normalizar la evaluación como parte del cuidado preventivo reduce la resistencia y facilita la aceptación.

El impacto de recuperar una audición clara

Muchas personas que finalmente deciden evaluar su audición y usar audífonos reportan mejoras en su vida diaria. Pueden volver a disfrutar conversaciones con mayor comodidad, recuperar la confianza en reuniones sociales y experimentar menos agotamiento al final del día.

El volumen de la televisión deja de ser motivo de conflicto en casa. Las llamadas telefónicas se vuelven más claras. Los paseos, las salidas y las actividades cotidianas recuperan naturalidad.

Por ello, atender a tiempo las señales auditivas puede mejorar no solo la capacidad para escuchar, sino también la manera en que te relacionas con tu entorno, con los demás y contigo mismo.

Si has notado que necesitas subir el volumen a la televisión cada vez más, o si reconoces varias de las señales de pérdida auditiva mencionadas, no lo dejes pasar. Una evaluación audiológica profesional es el primer paso para recuperar claridad, comunicación y bienestar.